Irene Zoe Alameda

Heather

Heather Heyer (Facebook)

 

El día 16 de agosto, miércoles, no acudirás a la cita en el Starbucks con tu amiga. Tampoco lidiarás con la fecha límite de entrega de los datos para la sentencia cuyos detalles debes aportar. No habrás estrenado los nuevos pantalones ni las sandalias, ni habrás limpiado de una vez la bañera. Tampoco habrás cerrado (¡por fin!) una cita para el fin de semana con ese chico que te lleva interesando desde marzo.

 

Ese día estarás muerta y millones de personas - decenas de miles en presencia- seguirán tu funeral, retransmitido por los medios casi como un funeral de estado. Tu padrastro será el único con la suficiente entereza en tu familia para hacer declaraciones y loar tu dulzura, tu bondad y tu capacidad de esfuerzo. Alguno de tus compañeros se atreverá a hablar de tus sueños, pero tú no llegarás a saber si habrá acertado en algo o simplemente habrá proyectado en ti las expectativas que en cierto modo tiene para sí mismo.

 

El día 16 de agosto serás un símbolo mundial frente a la barbarie nazi, frente a los supremacistas americanos. Cinco días antes uno de ellos te habrá pasado por encima con su coche.

 

El presidente de tu país no se referirá a ti, y ni siquiera llamará a tus padres para darles el pésame.

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