Irene Zoe Alameda

Martí y María. Historia de una difamación

"¡Hola Martí! ¿Has visto la nueva película de nuestra amiga?"

"No, no me interesa, no he querido darle el dinero de la entrada de cine. ¿Tú sí?"

"Sí..."

"¿Y? No he leído las críticas, pero conociéndola seguro que es una tontería, esa tía es una imbécil y una superficial."

"Bueno, yo fui al cine porque mis amigos se empeñaron, y la verdad es que me sorprendió: me reí, lloré, es una peli rara, como todo lo que hace... A mis amigos les encantó. Pero yo creo a mí no me gustó nada, Martí."

"Le han dado un premio, ¿no?"

"A mí lo que me molesta del asunto es que con la que montó con el escándalo aquel, ahora nadie se lo recuerde, como si no hubiese pasado nada."

"Con las acusaciones tan graves que se publicaron."

"Las que filtramos nosotros dos."

"La gente no tiene memoria, María."

"La verdad es que nos pasamos un poco. Ella denunció al periodista amigo tuyo de apellido alemán que sacó en EL MUNDO lo que le dijimos, y luego él tuvo que declarar nuestros nombres como fuentes. ¡Si alguien se entera de que era tu venganza por el informe que hizo sobre ti y por el que te echaron! ¡Y de que yo no trabajaba siquiera en el Cervantes!"

"Nadie se va a enterar de nada, confía.”

“Ha sacado un vídeo en el que demuestra que ni siquiera eras el gestor cultural bajo su mandato, como te habías cogido el sabático precisamente el año que estuvo ella…”

“Te estoy diciendo que nadie va a decir nada porque es una historia pasada. Lo importante es que cuando salió la noticia le destrozamos la reputación."

"¿Y tu amigo periodista, te sigue hablando? ¿Te ha perdonado?"

“¿Perdonarme qué, María?”

“Que le mintieras, que le dijeras que tú habías coincidido con ella y que yo era personal del centro, que la acusaras de maltratadora… ¡incluso te inventaste que no sabía alemán cuando había sido Erasmus y luego profesora varios años en Bonn!… Lo hiciste sin pruebas ni nada.”

"No he hablado con él. Me llamó cuando lo del juicio para que aportara alguna prueba de lo que le habíamos dicho y como no tenía nada decidí no contestarle."

"¡Qué fuerte! Cómo te pasaste, Martí."

"Cómo nos pasamos los dos: tú y yo."

"¡Pero yo lo hice por ayudarte! ¡Es que me utilizaste como segunda fuente para que tu amigo nos creyera!”

“Pensé que tú no la soportabas. Eso es lo que decías cuando no te contrató al acabarse la internship que yo te había conseguido.”

“¡Yo te ayudé porque me dijiste que no iban a pillarnos, y a mí esa tía me caía muy mal, es una engreída!"

"Bueno, bueno, tranquilidad, María. Al fin y al cabo le dimos su merecido, le hacia falta una cura de humildad. Yo sigo jodiéndola en la Wikipedia, en youtube y con anónimos."

“¿Y si nos denuncia? Me he enterado de que una vez se han desvelado las fuentes ante el juez, puede hacerlo.”

“Déjalo, María. Mejor no pensar en ella más.”

"Yo ayer con mis amigos me moría de vergüenza, ¡me dio un miedo que alguno viera la declaración del periodista revelando que nosotros fuimos las fuentes de aquello! No se lo he contado a nadie, pero el documento está en internet."

"No te preocupes. Nadie va a mirarlo."

"No, pero yo ahí disimulando, diciendo que me había encantado la película como una hipócrita."

" Esa tía es una hija de perra. Lo que hicimos fue correcto. Un correctivo."

"Ya..."

"Bueno, pues ¿todo bien?"

"Ya sabes, buscando trabajo, a ver si sale algo. ¿Y tu niña?"

"Con mi ex, la situación… ya sabes."

"A ver si se arregla."

"Sí, sí, claro..."

 

... Colgaron ambos al mismo tiempo. La sensación de vacío a los dos lados de la línea fue tan intensa que los cómplices decidieron sin reconocérselo que se odiaban mutuamente, casi más de lo que habían odiado antes a su víctima. Aquella mujer a la que habían mortificado estaba fuera de su radar, era inalcanzable; aunque cuando lo había sido la habían mancillado públicamente en un acto que les había emborrachado de poder.

A estas alturas les parecía que despertaban con resaca de una orgía rodeados de cuerpos desconocidos y sucios, un recuerdo del que renegarían y que preferirían esconder en el olvido.

 

Y nunca, nunca, se volvieron a buscar.